jueves, 21 marzo 2019

Criticas del Espectáculo

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Las críticas a las corridas de toros no son algo nuevo. Desde su mismo nacimiento como espectáculo moderno, en el siglo dieciocho, las corridas de toros han sufrido críticas, prohibiciones y han tenido que sortear numerosas dificultades. La nueva dinastía llegada a España (los Borbones), y en general la aristocracia afrancesada, despreciaba estos espectáculos por considerarlos indignos y propios del populacho, por lo que Felipe V, prohibió su ejercicio a sus cortesanos (1723). Fernando VI, solo consintió las corridas a cambio de que sus beneficios se destinasen a obras de caridad como sufragar hospitales y hospicios. De esta época, son las primeras plazas de toros construidas como edificios permanentes, como la de Madrid o la de Zaragoza.


espectaculosAlgunos intelectuales ilustrados, como Jovellanos, también criticaban estos espectáculos por considerarlos poco didácticos y una muestra del atraso español. Hasta que Carlos III, influido por el Conde de Aranda, prohibió las corridas de toros en 1771. El pueblo, sin embargo, hizo caso omiso, y siguió entregándose con entusiasmo a las nuevas figuras del toreo, que Francisco de Goya recogió en su serie de grabados sobre tauromaquia. Todos los gobernantes posteriores intentaron prohibir las corridas: Carlos IV volvió a hacerlo en 1805. Tras la Guerra de la Independencia Española, a lo largo del siglo XIX, surgía con frecuencia en el Parlamento español el debate de la prohibición. La última vez fue en 1877, cuando el Marqués de San Carlos propuso a los diputados la prohibición de las corridas de toros. Se rechazó la propuesta pues se consideraba que sería demasiado impopular: era la época de Lagartijo y Frascuelo.


A partir de entonces, no se ha abordado la prohibición directa, pero todos los regímenes posteriores (la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, el franquismo y la democracia), han puesto dificultades y las han tolerado a cambio de gravarlas con impuestos de una forma excepcionalmente dura y de mantenerlas bajo una política represiva y policial (los toros siguen dependiendo aún hoy del Ministerio del Interior). La fiesta, es una superviviente nata; siempre rodeada de enemigos, solo se mantiene vive por el gran cariño que la profesa gran parte del pueblo español.


En la actualidad, son los grupos ecologistas y, en particular, los defensores de los derechos de los animales quienes encabezan la crítica a la celebración de las corridas de toros por considerarlo un espectáculo cruel.

 
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